Las Mariquitas

Las Mariquitas (Coccinélidos): Aliadas Silenciosas del Jardín

En todo jardín sano y vibrante, más allá de las flores y los frutos, hay pequeñas historias que a menudo pasan desapercibidas. Una de esas historias está protagonizada por unas diminutas heroínas vestidas de rojo y negro: las mariquitas. Con su aspecto simpático y su andar pausado sobre las hojas, son uno de los insectos más queridos por jardineros y hortelanos. Pero detrás de esa apariencia adorable, se esconde una maquinaria de precisión para el equilibrio ecológico.

Buscando una presa para comerse

¿Qué son las mariquitas?

Las mariquitas pertenecen a la familia Coccinellidae, un grupo dentro del orden Coleoptera, es decir, son escarabajos. Se conocen más de 6.000 especies en todo el mundo, aunque en Europa y América las más reconocidas son las de color rojo con puntos negros, como la Coccinella septempunctata, de siete puntos.

Son insectos pequeños, de entre 1 y 10 mm, con un cuerpo semiesférico y alas cubiertas por élitros de vivos colores, que les sirven tanto de protección como de advertencia: su apariencia llamativa actúa como una señal para los depredadores, indicando que no son presa fácil.

¿Dónde viven?

Las mariquitas están presentes en casi todos los ecosistemas del planeta. Pueden encontrarse en praderas, bosques, cultivos, jardines urbanos y zonas costeras. Su distribución está ligada principalmente a la abundancia de alimento, es decir, de presas como pulgones o cochinillas.

Reunión de la comunidad

Durante el invierno, muchas especies buscan refugios secos y resguardados, como grietas en la corteza de árboles, debajo de piedras o en los rincones de construcciones humanas. Allí pasan los meses fríos en estado de diapausa, una especie de hibernación que les permite sobrevivir hasta que el calor vuelve y la naturaleza despierta.

¿Cómo viven?

Las mariquitas pasan por una metamorfosis completa: huevo, larva, pupa y adulto. Las hembras depositan sus huevos amarillos en grupos, generalmente en el reverso de las hojas infestadas de pulgones. A los pocos días, nacen las larvas: voraces, activas y alargadas, parecidas a pequeños cocodrilos, que se lanzan al ataque con entusiasmo.

Una mariquita haciendo masajes a otra.

Cada larva puede devorar más de 400 pulgones durante su desarrollo. Luego forman una pupa inmóvil, de donde emergerá el adulto, que continuará la tarea depredadora.

¿De qué se alimentan?

Su dieta varía según la especie, pero la gran mayoría son depredadoras especializadas en insectos fitófagos, como:

  • Pulgones
  • Cochinillas
  • Mosca blanca
  • Ácaros
  • Huevos y larvas de otros insectos

Algunas pocas especies, sobre todo en zonas tropicales, son micófagas (se alimentan de hongos) o incluso fitófagas, consumiendo polen o néctar. Pero en los ecosistemas agrícolas y de jardinería, las especies más comunes son valiosas por su capacidad de controlar plagas de forma natural.

¿Tienen enemigos?

Sí. Aunque estén bien adaptadas y protegidas por sus colores y su secreción de sustancias repelentes, las mariquitas no están exentas de peligros. Sus principales enemigos naturales son:

  • Aves insectívoras
  • Arañas y mantis religiosas
  • Avispas parasitoides que atacan sus larvas
  • Hongos entomopatógenos como Beauveria bassiana

Además, el uso indiscriminado de plaguicidas químicos representa una amenaza grave para las mariquitas, ya que no solo mata a sus presas, sino también a ellas.

El valor de las mariquitas en el jardín ecológico

En permacultura y agricultura natural, las mariquitas son consideradas agentes clave del equilibrio. Su presencia indica que el sistema está funcionando bien, con una red trófica activa y diversa. En lugar de combatir plagas con venenos, podemos contar con estos pequeños aliados, que trabajan gratis y sin descanso.

En los principios de diseño permacultural se insiste en trabajar con la naturaleza y no contra ella, y las mariquitas encarnan perfectamente esta idea. Son un ejemplo viviente del control biológico eficaz, sostenible y bello

¿Cómo atraerlas y protegerlas?

  1. Plantar flores que las atraigan
    Las mariquitas adultas también se alimentan de polen y néctar, por eso es importante sembrar especies como:
    • Hinojo
    • Eneldo
    • Caléndula
    • Tanaceto
    • Milenrama
    • Borago officinalis (Borraja)
    • Cilantro
    Estas plantas, además de ser aromáticas, atraen mariquitas, abejas y otros insectos benéficos.
  2. Evitar el uso de insecticidas químicos
    Los productos sintéticos arrasan con las plagas, sí, pero también con sus depredadores naturales. Optar por extractos ecológicos, como el aceite de neem, el jabón potásico o el extracto de ajo, es una alternativa más amiga
  3. Colocar refugios y mantener diversidad vegetal
    Las mariquitas necesitan escondites para reproducirse y protegerse. Podemos colocar hoteles de insectos, mantener setos y rincones salvajes con piedras, corteza o madera muerta.
  4. Respetar su ciclo de vida
    Evitar podas intensas o rotaciones violentas en época de reproducción (primavera y verano), así como mantener plantas que sirvan de hospedaje a pulgones, permitirá que las mariquitas encuentren alimento constante para completar su ciclo.
  5. Introducir mariquitas en el jardín (con precaución)
    En algunos viveros ecológicos se pueden adquirir mariquitas para liberar en cultivos afectados. Es una medida válida, pero solo si antes se ha creado un entorno apto para que permanezcan.

Curiosidades sobre las mariquitas

  • Su nombre en inglés, “ladybug”, está relacionado con la Virgen María: se creía que estas pequeñas defensoras eran enviadas por ella para proteger los cultivos.
  • Algunas especies simulan estar muertas o expulsan un líquido amarillo con mal olor (hemolinfa) cuando se sienten amenazadas.
  • La especie Harmonia axyridis, introducida en Europa como control biológico, ha desplazado a otras mariquitas autóctonas, generando conflictos ecológicos.

Las mariquitas no solo son un ícono simpático en los jardines; son guardianas activas del equilibrio ecológico. Aprender a respetarlas, protegerlas y fomentar su presencia es dar un paso firme hacia una jardinería consciente, saludable y natural. No necesitamos pesticidas si confiamos en las redes que la naturaleza ha tejido durante millones de años. Ellas, las coccinélidas, son una de las pruebas más bellas de esa sabiduría.